sábado, 21 de marzo de 2015

El paro y el terrorismo carcomen Túnez

El martilleo de los disparos en el exterior del Parlamento tunecino, en el barrio del Bardo que aloja el museo homónimo, hizo saltar las alarmas el miércoles. 

En el instante en el que Yassine Abidi y Hatem Jachnaoui, los atacantes que mataron luego a 20 turistas y tres compatriotas, llegaban a la entrada de la Cámara, los parlamentarios escuchaban a altos mandos militares en una sesión sobre la reforma precisamente de la ley antiterrorista.

La comparecencia fue suspendida, pero el texto volverá de forma urgente a la Cámara. No sólo como gesto de repulsa a los atentados, sino porque la norma en vigor es aún la elaborada en 2003 por la dictadura de Zine Abidine Ben Ali, derrocada en 2011. Un paradigma del ritmo que sigue la transición tunecina, pausado pero impulsado ahora hacia una nueva fase con un Gobierno de coalición volcado en reforzar la seguridad del país y, sobre todo, en levantar la economía, que arrastra un enorme desempleo.



Al frente de este Gabinete, un milagro político cuatro años después de iniciada la revolución del jazmín, el consenso entre laicos e islamistas puso en enero a Habid Essib, un independiente, con un pasado vinculado al régimen y propuesto por el partido Nida Tunes, vencedor en las legislativas. Essib fijó en febrero sus prioridades: ley antiterrorista, acuerdos de financiación con instituciones internacionales y países vecinos, políticas de desarrollo, contención de los precios —la inflación, del 5,7%, motivó las revueltas de 2011—. Walid Banneni, diputado del islamista Ennahda, resumiría en dos esas prioridades: “Reestructuración de la economía y lucha contra el terrorismo”.



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