miércoles, 30 de septiembre de 2015

Diamantes de sangre para avivar la guerra

Los alemanes que llevaron la primera máquina de rayos X a África en 1908 no pretendían detectar enfermedades, sino radiografiar el cuerpo de los mineros de Kolmanskop para que no ocultaran los diamantes que luego se vendían en el primer mundo. 

La extracción de estas valiosas gemas sigue hoy importando más que la vida de aquellos que las extraen, como demuestra el conflicto religioso de República Centroafricana. Lo único que no se ha detenido por la guerra son las minas. Para visitarlas, sólo hay que pagarle 20 dólares a los soldados que las custodian, a los que no les importa lo más mínimo que el extranjero fotografíe a los niños que trabajan en ellas.

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