domingo, 21 de febrero de 2016

Pegados al pegamento Muchos niños inhalan disolvente en las calles de Honduras. Se les llama 'resistoleros'.

Sus ojos lucen la pátina cristalina del que mira sin ver. Mitad lágrima, mitad vidrio. Ausentes ante el trajín circundante. Ajados. Sucios. Con más vida dentro de sus pupilas que en los adoquines por los que se arrastran sin rumbo fijo. Se les llama resistoleros por el tóxico que inhalan: el Resistol, un pegamento industrial al que, paradójicamente, se han quedado pegados. Nariz contra botella o bolsa de plástico. Una estampa que no aparece en las instrucciones del producto pero es habitual en la capital de Honduras, Tegucigalpa, y otras poblaciones del país.

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