domingo, 18 de septiembre de 2016

Salem, seis años y 4 kilos de peso

El hambre de Yemen, la nación más pobre del golfo Pérsico, tiene rostro. Anida en un esqueleto minúsculo de huesos, piel y ojos hundidos que sólo guarda un recuerdo: el de un hambre atroz. Su cuerpo vino al mundo con hambre y, a duras penas, crece a pesar del hambre.

La imagen de un niño yemení reducido a una osamenta cadavérica -con las costillas marcadas en su torso y dos brazos de fino alambre- ha recorrido esta semana el planeta como fogonazo remoto de una guerra olvidada. Tan lejana y ajena que las crónicas que reprodujeron el fotograma despojaron a su protagonista de nombre y biografía. Pero los tiene.Su familia, los médicos que intentan salvarle la vida y el fotógrafo que lo mostró al mundo nos cuentan la tragedia del niño del hambre de Yemen

Ha visto morir a dos de sus siete hermanos y su padre era pescador hasta que los bombardeos de Arabia Saudí destruyeron sus barcos.


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