domingo, 1 de enero de 2017

El niño del hambre ya pesa más de 4 kilos

El hogar de Salem es un cobertizo construido con hojas secas de palmera. Entre sus frágiles muros, 2016 expira su último hálito cargado de fugaces victorias y perennes zozobras. El rostro del hambre que azota Yemen, el país más pobre del Golfo Pérsico, permanece acurrucado sobre el manto de arena que cubre el patio de la choza. El pasado septiembre el fogonazo de Salem con su agonizante amasijo de huesos recorrió el planeta. Por aquellas fechas la imagen del niño de mirada extraviada postrado en el camastro de un hospital carecía de nombre y biografía. Era el símbolo más cruel de una guerra olvidada y silenciada, capaz incluso de despojar de identidad a sus víctimas inocentes. Crónica rescató entonces los datos de su amenazada existencia. Se llamaba Salem Abdalá Isa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario